El Desnudo Femenino en la Edad Contemporánea, SIGLO XIX. Capítulo 2: El Realismo.

Entramos ahora en uno de los momentos más tensos y fascinantes de la historia del arte. Si el Romanticismo era un sueño exótico y estilizado, el Realismo fue el despertar brusco que obligó al público a mirar la realidad cara a cara.


El fin de la fantasía y el escándalo de lo cotidiano

A mediados del siglo XIX (hacia 1850), un grupo de artistas decidió que ya no querían pintar diosas griegas, ninfas del bosque ni odaliscas lejanas. Liderados por Gustave Courbet, los realistas proclamaron: "Muéstrame un ángel y lo pintaré". Como no veían ángeles, empezaron a pintar la carne, el vello, la suciedad y la imperfección.

1. El cuerpo como verdad política.

Para el Realismo, el desnudo femenino dejó de ser un objeto de contemplación estética para convertirse en una declaración política. Al pintar a mujeres con cuerpos no idealizados —con curvas naturales, celulitis o pies sucios—, los artistas estaban desafiando el gusto de la burguesía y la autoridad de la Academia.

El mensaje era claro: la belleza no es una regla impuesta, es lo que existe.

2. Gustave Courbet: El provocador.

Courbet es la figura central de este cambio. Su obra no buscaba agradar, sino sacudir las conciencias.

  • "Las bañistas" (1853): Cuando esta obra se expuso, el público quedó horrorizado. No por el desnudo en sí, sino porque la mujer retratada tenía una musculatura sólida y formas rotundas que no encajaban con la "gracia" exigida. Se dice que la propia emperatriz Eugenia de Montijo, al ver el cuadro, preguntó si la mujer era una percherona (una raza de caballo de carga).


Imagen de la pintura Las bañistas de Gustave Courbet, desnudo femenino de espaldas
Las Bañistas


  • "El origen del mundo" (1866): Quizás el desnudo más audaz de toda la historia del arte occidental. Un primer plano anatómico del sexo femenino que, incluso hoy, sigue generando debates y censura en plataformas digitales. Con esta obra, Courbet eliminó el rostro y el contexto para centrarse exclusivamente en la biología humana.


Imagen de la obra El Origen del Mundo del artísta Gustave Courbet, que muestra la zona intima femenina
El Origen del Mundo


3. Édouard Manet y el inicio de la modernidad.

Aunque a menudo se le sitúa entre el Realismo y el Impresionismo, la "Olympia" de Manet (1863) es el golpe definitivo al desnudo tradicional.

Imagen de la obra "Olympia" del artista Edouard Manet, muestra un desnudo femenino recostado
Olympia.


¿Por qué causó tanto escándalo si era "solo" una mujer desnuda?

  1. La identidad: No era una diosa; era una prostituta de París de la época.

  2. La mirada: No miraba al infinito con timidez. Miraba al espectador a los ojos, con una frialdad que invertía los papeles: ahora el espectador era el cliente, y ella la que tenía el control.

  3. La técnica: Manet abandonó el sombreado suave de Ingres. Su "Olympia" era plana, blanca y directa, como una bofetada visual.



Lo que el Realismo cambió para siempre:

  • Adiós a la mitología: El desnudo ya no necesita llamarse "Venus" para ser aceptado. Es una mujer, y punto.

  • La honestidad anatómica: Se empieza a representar el vello corporal y las texturas de la piel real.

  • El choque social: El arte sale de los palacios para retratar la vida de la clase trabajadora y la marginalidad.


 

"Pinto lo que veo, no lo que otros quieren que imagine". > — Gustave Courbet

 



Profundización: "Las Bañistas" (1853).

Si La Gran Odalisca fue el refinamiento de la línea, Las Bañistas (1853) de Gustave Courbet fue un golpe de mazo contra el cristal de la academia. Esta obra no solo es importante por lo que muestra, sino por la violenta reacción que provocó.

Gustave Courbet.

Cuando Courbet presentó este lienzo en el Salón de París, no buscaba un aplauso; buscaba una revolución. La obra muestra a una mujer corpulenta saliendo de un arroyo, ayudada por su sirvienta. Lo que hoy nos parece una escena bucólica, en 1853 fue considerado un acto de vandalismo estético.

1. El escándalo de la "Carne Real"

La crítica de la época estaba acostumbrada a desnudos de porcelana, sin poros ni imperfecciones. Courbet, en cambio, pintó la realidad:

  • Celulitis y pliegues: El artista representó los "hoyuelos" en las nalgas y la espalda de la mujer, algo que el crítico Théophile Gautier describió con desprecio como "una especie de Venus hotentote saliendo del agua".

  • La falta de idealización: La mujer no es una ninfa grácil, sino una figura robusta y maciza. Para la burguesía de la época, ver un cuerpo tan "ordinario" en un lienzo de gran formato era una falta de respeto al arte.

2. Un gesto sin sentido (el fin de la narrativa).

Lo que más desconcertó a los espectadores —incluyendo al mismísimo Eugène Delacroix, quien escribió sobre su confusión en su diario— fue el gesto de la mujer.

  • Tradicionalmente, una mujer desnuda en el arte estaba haciendo algo "justificable": tapándose por pudor, mirándose al espejo o sosteniendo una manzana.

  • Aquí, la bañista levanta la mano en un gesto ambiguo hacia su sirvienta. No hay una historia bíblica ni mitológica detrás. Es simplemente una mujer en un momento cotidiano. Este "vacío narrativo" es, paradójicamente, lo que la hace moderna: el cuadro no trata sobre un mito, trata sobre la pintura y el cuerpo.

3. El paisaje "sucio".

Incluso el entorno fue criticado. El paisaje del Franco Condado (región natal de Courbet) se siente espeso, húmedo y oscuro. A diferencia de los paisajes luminosos del Neoclasicismo, este parece encerrar a las figuras, dándoles un peso terrenal casi asfixiante. La piel de la mujer brilla con una luz blanca que contrasta fuertemente con la penumbra del bosque, dándole una presencia física casi escultórica.

4. La victoria del artista.

A pesar de los insultos y de que la emperatriz Eugenia de Montijo comparó a la modelo con un caballo de carga, Courbet logró algo inaudito:

  • Independencia financiera: El coleccionista Alfred Bruyas compró la obra por 3,000 francos, lo que permitió a Courbet liberarse de la necesidad de gustar a los jurados oficiales.

  • El inicio del Realismo: Con este cuadro, Courbet demostró que el "pueblo" y la "carne real" tenían derecho a ocupar un lugar en el gran arte.



El Realismo rompió las reglas, pero dejó una pregunta en el aire: si ya podemos pintar la realidad, ¿cómo pintamos la luz y la sensación del momento?




Anécdota del Salón: Se dice que Napoleón III, enfurecido al ver el cuadro, golpeó el lienzo con su fusta de montar. No podía tolerar la "brutalidad" de esa espalda femenina que no pedía perdón por su tamaño.



¿Estamos listos para saltar al Capítulo 3? Dejaremos atrás la carne pesada de Courbet para ver cómo los Impresionistas, como Renoir y Degas, "disolvieron" el cuerpo en pinceladas de luz y color.

Próxima entrega: Capítulo 3 - El Impresionismo: La disolución de la forma en la luz solar.





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